El segundo día – Juan 3:22 – 5:47

“Haya un firmamento en medio de las aguas, para que separe las aguas de las aguas”

Agua 1:26

Agua 2:9

Agua 4:7

Agua 4:14

Agua 5:3

Agua 1:31

Agua 2:9

Agua 4:10

Agua 4:14

Agua 5:4

Agua 1:33

Agua 3:5

Agua 4:13

Agua 4:15

Agua 5:4

Agua 2:7

Agua 3:23

Agua 4:14

Agua 4:46

Agua 5:7

En el segundo día de la creación, Dios mostró su poder nuevamente al ponerle límites a las aguas que hasta ese momento cubrían toda la tierra. Algunas fueron confinadas a los mares, el resto a los cielos. Las aguas de arriba fueron conservadas allí por la “bóveda” o el “firmamento”. Desde la tierra, el cielo (firmamento) parece ser una especie de cúpula que previene que las aguas caigan en forma descontrolada sobre la tierra. Desde los cielos cae el agua dulce que da vida a la humanidad.
Las aguas de “arriba” son nuevas, no solamente en su posición sino también en su composición. Estas aguas son libres de sal y aptos para dar vida. Las aguas de abajo no pueden sostener la vida humana. En estas aguas tenemos la figura de la vida sacada de la muerte. Entonces anticipamos descubrir, en esta sección del evangelio de Juan, el tema de vida sacada de muerte, empleando el agua como el portador de la metáfora.
El texto del evangelio de Juan que vamos a estudiar empieza con 3:22-36 e inmediatamente nos encontramos a Juan el Bautista. Sin el esquema de los seis días de la creación su apariencia sería una circunstancia anómala porque Juan había cumplido su rol como testigo y bautista de Jesús (Juan 1:6-36). Sin embargo su presencia en el esquema es muy apropiada porque no hay mejor metáfora para las aguas que dan vida como el bautismo. Por eso, la mención de “la gente llegaba y se bautizaba” (Juan 3:23) refleja notablemente el trabajo del día 2 de la creación.
En el esquema de nuestro estudio había una separación de las aguas en el segundo día de la creación. De las aguas de abajo viene la “vida”. El discurso con la mujer samaritana (Juan 4:1-42) confirma esta idea.
 

Génesis 1:6-7 La separación de las aguas.

Dios mostró su poder nuevamente al ponerle límites a las aguas que hasta ese momento cubrían la tierra. Algunas fueron confinadas a los mares, el resto a los cielos. Las aguas de arriba fueron conservadas allí por la “bóveda” o el “firmamento”. Desde la tierra, el cielo (firmamento) parece ser una especie de cúpula que previene que las aguas caigan en forma descontrolada sobre la tierra.
La separación del agua en dos partes:

(a) agua oceánica y subterránea – de abajo
(b) agua atmosférica – de arriba.

 

Juan el bautista otra vez

En Juan 3:22 leemos: “Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba.”
Sin tener nuestro modelo de la creación, sería difícil entender por qué está otra vez una referencia a Juan. En Juan 1:6-63 comprendemos que Juan el bautista es el testigo enviado por Dios para que se reconozca la actividad iluminadora de Jesús en la tierra.
El bautismo nos asocia con la muerte de Cristo, de aquí que solamente a través del bautismo podemos tener acceso al perdón. Somos “sepultados con él [Cristo] en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante… Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados… os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Colosenses 2:12-13). Somos “lavados… en el nombre del Señor Jesús” (1 Corintios 6:11), es decir, el bautismo en el nombre del Señor Jesús es el medio por el cual nuestros pecados son lavados. Tito 3:5 habla de esto como “el lavamiento de la regeneración”, refiriéndose a nuestro nacimiento del agua en el bautismo (Juan 3:5).
De las aguas del bautismo llegamos a una nueva vida en Cristo. Está aquí la lección del segundo día de la creación natural. Juan describe el significado del bautismo en Jesús en Juan 3:31:

“El que viene de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra es terrenal y habla de cosas terrenales. El que viene del cielo está por encima de todos.”

El hecho del bautismo manifiesta el paso del estado de la muerte a la vida. Juan realiza esto por medio de su descripción de la obra de Jesús quien saca al hombre de la agua de abajo a de arriba. Refleja el hecho de Dios con las aguas en el segundo día de la creación.
El segundo día de la creación de Juan presenta escenas de separación de aguas, consistente con el tema del día dos de la creación.
El agua es cambiada en vino en Caná (Juan 2).
La obra del Espíritu se distingue como agua con Nicodemo (Juan 3).
La mujer en el pozo es llamada a separarse de su agua y beber del agua de Jesús que fluye de Él (Juan 4).
Un hombre cojo es sanado y dejado irse (separado) de la pileta de agua fuera del templo (Juan 5).
Así, la segunda sección mayor de Juan toca diferentes aspectos de separación de la antigua creación.
 

El agua viva

Jesús y la mujer samaritana (Juan 4:1-43)
Había dos rutas posibles desde Judea a Galilea. La más larga era a través de territorio gentil por el lado oriental del Jordán; la más corta era a través de Samaria y era la más usada a pesar de la animosidad entre judíos y samaritanos.
Juan 4:4 sugiere que esta última fue una elección necesaria. Quizá Juan está dando a entender que había una razón divina que concernía a Jesús. Generalmente se supone que Sicar es la moderna Askar, cerca de la antigua Siquem del Antiguo Testamento, como a 57 kilómetros de Jerusalén. Aún existe un profundo pozo, que de acuerdo con la tradición es el original. El v. 12 muestra que Jacob era de especial importancia para los samaritanos.
Juan 4:6. Como Jesús estaba cansado del viaje, él se sentó junto al pozo, mientras los discípulos iban a la ciudad a comprar de comer (v.8). La hora sexta debía ser el mediodía (contando desde las seis de la mañana) la más calurosa de la jornada.
Juan 4:7-9. Cuando Jesús estaba allí, el solo, una mujer samaritana vino a sacar agua. La mujer sacaría el agua y regresaría a la ciudad, sin ni siquiera hacer contacto visual con el cansado judío que estaba sentado allí cerca. No obstante, en esta ocasión, algo asombroso le sucedió a la mujer; ¡el judío le habló a ella! Era poco común que una mujer fuera sola al pozo. Puede haber sido considerada como una marginada social. La acción de Jesús puso a un lado dos prejuicios judíos: la conversación con alguien de origen samaritano y con una mujer. El prejuicio racial se intensifica por la observación de la mujer (v.9). Jesús debe haber previsto su perplejidad porque la usó para continuar la conversación.
Todo lo que hizo fue pedirle agua para beber, pero esa simple petición la sorprendió, y ella le preguntó: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?” Así, dio comienzo una trascendental conversación entre Jesús y esta mujer que provenía de la ciudad que estaba cerca.
Juan 4:10-14. La idea de beber por una necesidad física llevó naturalmente al comentario sobre el don de Dios (v.10), que se convirtió en un tema espiritual. La mujer pensaba en Jesús como en un judío típico, y Jesús procedió en base a este concepto.
Si ella hubiera conocido su identidad, le habría pedido agua viva. Esta expresión tenía un doble significado, o sea el de agua corriente o de manantial y el de agua espiritual. Sin embargo, no llama la atención que la mujer aún pensara solamente en el nivel humano, como muestra el v.11. Parecía necio pensar en sacar agua de un pozo profundo sin tener los medios para hacerlo. Su visión no era mayor que un balde.
La comparación con Jacob, que había cavado el pozo, le sugirió que Jesús era inferior. Por lo tanto, ella hizo un par de juicios errados. No podía concebir que alguien fuera mayor que el venerado Jacob. La verdadera superioridad de Jesús estaba en el hecho de que el agua era viva cuando él la proveía. El pozo de Jacob podría saciar la sed sólo provisoriamente (v.13).
En esta conversación observamos los factores del segundo día de la creación:

  • el agua viva (de arriba) y
  • el agua en la profundidad del pozo (de abajo).

Juan 4:11. La mujer pregunta: “¿De dónde, pues, tiene el agua viva?” ¡La respuesta está junto al pozo! Jesús está sentado al lado del pozo. Ahora vamos a tratar de captar la dimensión espiritual de la conversación:
Juan 4:13-14. “volverá a tener sed … para siempre no tendrá sed.” El contraste aquí es fundamental y que comprende todo. “Esta agua” claramente quiere decir esta agua natural y todas las satisfacciones de naturaleza igualmente terrenas y perecederas, y que alcanzando solamente las partes superficiales de nuestro ser. Pronto se disipan, y necesitan ser suplidas de nuevo tanto como si nunca las hubiéramos experimentado antes. Mientras que las necesidades más profundas no son alcanzadas por ellas de ninguna manera. Pero el “agua” que Cristo da, la vida espiritual, es lo que necesitamos.

Apunte “la sed” que debemos tener.

Salmo 42:2

Salmo 63:1

Mateo 5:6

Juan 6:35

Juan 7:37

Juan 4:16. “Ve, llama a tu marido, y ven acá.”
Este es un estudio sobre la profundidad de la plática que Jesús sostuvo con la mujer Samaritana. Hay uno quién tenía en sus propósitos a esta mujer. Veamos quién era ella:

  • Era una mujer pobre, ya que en esos tiempos las mujeres ricas no sacaban agua.
  • ¿Era una mujer con una reputación baja, por lo tanto era marginada por las otras mujeres?
  • Era una mujer de Samaria, pueblo pagano y odiado por los judíos.
  • Era una mujer pecadora, quién había tenido 5 maridos y con el que estaba, no le pertenecía.

La mujer samaritana no buscó a Jesús por un milagro para ella o los suyos, aparentemente nunca había oído hablar de Jesús, pero en los designios de Dios ya estaba el venir al encuentro de ella y transformarla de una manera grandiosa, dándole una revelación única sobre quién es Él.
 

Jesús tenía un propósito con esta mujer.

Juan 4:4 Y le era necesario pasar por Samaria. La palabra era necesario (griego: edei) significa necesidad, compulsión, destino. La palabra le era necesario se emplea con mucha frecuencia en relación a la misión de Jesús (Juan 3:14; 9:4; 10:8-16; 12:34; 20:9).
Jesús ya sabía quién era ella, que hacía y cuál era su historia, pero había algo que necesitaba ofrecerle.
Continuamos el tema de “levantar” o “sacar” de abajo con referencia a dos otros milagros de Jesús, de dos personas moribundas.

  • un joven gravemente enfermo
  • un hombre que sufre una enfermedad crónica.

 

Jesús sana al hijo de un noble (Juan 4:46-54)

“El oficial del rey le dijo: –Señor, desciende antes que mi hijo muera. Jesús le dijo: –Vete, tu hijo vive. El hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.” (Juan 4:49-50)

Los versículos 4-42 son un paréntesis. Ahora sigue la narración de la obra de Jesús en Galilea, una provincia menospreciada por los judíos (Juan 7:41, 52). Juan habla poco del ministerio de Jesús en Galilea, pero Mateo, Marcos y Lucas lo describen ampliamente.
Es necesario recordar que conforme al plan de Dios Jesús no fue enviado a los gentiles ni a los samaritanos, sino “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 10:5; 15:24).
Juan 4:46 un oficial del rey (Herodes, tetrarca de Galilea), cuyo hijo estaba enfermo. Aquí tenemos un cortesano que acude a un carpintero. No podía haber una escena menos probable en el mundo que la de un importante oficial del rey recorriendo treinta kilómetros para pedir un favor al carpintero de una aldea.
Juan 4:47 muestra el grado de desesperación del padre por su hijo que estaba a punto de morir. Ya no hubo otro remedio porque sin duda todo remedio humano se hubiera agotado.
Se nota que el joven está gravemente enfermo.
Pero la respuesta de Jesús resulta inesperada. Las palabras del v.48 fueron dirigidas a los galileos en su conjunto. La bienvenida que habían dado a Jesús se basaba en las señales, pero no indicaba fe.
Juan 4:50 Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. La fe verdadera actúa: se fue. No se detuvo insistiendo en que Jesús le acompañara a su casa. No se detuvo para disputar con Jesús. Estaba sumamente preocupado por su hijo y quería tener plena seguridad de que sanara y ahora ¿cuál es su consuelo? Una sola cosa: la palabra de Jesús.
La conclusión de este episodio es significativa porque Juan menciona el tiempo preciso de la curación como el de la declaración de Jesús (v.52). Esto llevó a una fe más profunda, no sólo del hombre sino también de toda la casa.
 

El paralítico de Betesda (Juan 5:1-15)

Este capítulo narra el principio de una nueva etapa en el ministerio de Jesús. Al sanar a este enfermo en el día de reposo, provocó abiertamente un enfrentamiento con los principales de los judíos, por causa de sus muchas tradiciones con respecto de guardar el sábado, y (2) aprovechó esta oportunidad para “llamar a Dios su propio Padre” y, según ellos, “haciéndose él mismo igual a Dios”. (v.18)
Juan 5:1. Después de estas cosas había una fiesta. ¿De qué fiesta se trata? En contra de su estilo habitual, Juan no lo dice.
Juan 5:2-4. “Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda.”
Se localiza y se describe el estanque detalladamente. Por eso la referencia del agua acompaña el milagro de la curación del enfermo.
Juan 5:5-6. “Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado…le dijo: ¿Quieres ser sano?”
Dirá alguno que sin duda el hombre quería ser sano, pero hay personas desesperadas que ni siquiera buscan remedios y si esto sucede con respecto a la salud física, ¡cuánto más con respecto a la salud espiritual! Muchísimas personas, conscientes de su enfermedad espiritual, no quieren saber nada de perdón y santidad.
Si se curaba, tendría que enfrentarse con todo el peso de ganarse la vida y asumir una vez más todas sus responsabilidades. Hay inválidos para quienes su enfermedad no es del todo desagradable, puesto que algún otro hace todo el trabajo y asume todas las responsabilidades.
Así se justificaría la forma con que Jesús se acerca al enfermo, aquí y en el templo (vs. 6 y 14). ¿Su inclinación a descargar sobre otro la responsabilidad (vs. 7 y 11) confirmaría el diagnóstico?
Para la lectura simbólica del relato conviene retener lo que dice el texto: una impotencia y un aislamiento que parecen invencibles.
Juan 5:14. “Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más.”
¿Puede implicar que su enfermedad había sido causada por una vida desordenada? “La paga del pecado es la muerte” y las enfermedades a veces son el pago parcial. Desde luego, esto no implica que toda enfermedad es causada por el pecado.
Una ampliación de nuestra consideración del poder sin límite de Jesús de sanar a los enfermos se identifica más allá de la muerte, el poder de la resurrección. Las palabras finales del segundo día revelan el poder de Dios de la resurrección se manifiesta en el Su Hijo: es el último grito del agua viva.

“Como el Padre levanta a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida… No os asombréis de esto, porque llegará la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; pero los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:21, 28-29)

Identifique las ocasiones donde están la declaración de que Él resucitará a los muertos y será su juez.

 

Resumen de unas enseñanzas de Juan 3:22 – 5:47

  • Según el Modelo de la Creación en Génesis 1, Dios separó las aguas que estaban debajo del firmamento de las aguas que estaban sobre el firmamento.
  • Una mujer samaritana vino al pozo de Jacob para sacar agua (de abajo) del pozo muy hondo.
  • Jesús le ofreció agua (de arriba) de una fuente que salte para vida eterna.
  • El que beba del agua que Jesús ofrece no tendrá sed jamás.
  • Jesús es el Mesías.
  • Hay que creer en las enseñanzas de Jesús.
  • Este mensaje es para los judíos, los samaritanos y todas naciones porque Jesús está juntando un rebaño con el mismo como el pastor.
  • El impedimento para nosotros es el pecado.
  • Jesús remueve este impedimento por medio de su sacrificio.
  • Observamos una separación entre lo de abajo (la falta de creencia) y lo de arriba (la creencia).

…Pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.
(Juan 4:42)